Schumpeter, Joseph Alois

joseph alois schumpeter

joseph alois schumpeter

Joseph Alois Schumpeter (Trest, Moravia, 8 de febrero de 1883 – Taconic, Salisbury, EE. UU., 8 de enero de 1950) fue un destacado economista austroestadounidense, ministro de Finanzas en Austria entre 1919 y 1920 y profesor de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) desde 1932 hasta su muerte en 1950. Se destacó por sus investigaciones sobre el ciclo económico y por sus teorías sobre la importancia vital del empresario, subrayando su papel en la innovación que determinan el aumento y la disminución de la prosperidad. Popularizó el concepto de destrucción creativa como forma de describir el proceso de transformación que acompaña a las innovaciones. Predijo la desintegración sociopolítica del capitalismo, que, según él, se destruiría debido a su propio éxito. Sus principales obras son: Teoría del desarrollo económico (1912), Los ciclos económicos (1939), Capitalismo, socialismo y democracia (1942) y La historia del análisis económico (póstuma, 1954).

Vida y obra

Nació en 1883 en Trest (Moravia, en la actualidad perteneciente a la República Checa) y estudió en la Universidad de Viena. Fue pupilo de Friedrich von Wieser. Enseñó Economía durante varios años en las universidades de Viena, Czernowitz (actual Chernovtsi, Ucrania), Graz y Bonn a partir de 1909. Se radicó en Estados Unidos en 1932. Allí fue profesor de la Universidad de Harvard desde 1932 hasta su fallecimiento en 1950.

El principal aporte de Schumpeter es la concepción cíclica e irregular del desarrollo capitalista, elaborada en 1911 en su Theorie der wirtschaftlichen Entwicklung (‘Teoría del desarrollo económico’) mientras daba clases en Czernowitz (actual Chernivtsi, en Ucrania). En ella recoge su teoría del “espíritu emprendedor” (Unternehmergeist), propio de los emprendedores, que crean innovaciones técnicas y financieras en un medio competitivo en el que deben asumir continuos riesgos y recibir beneficios que no siempre se mantienen en el tiempo. Todos estos elementos intervienen en el crecimiento económico irregular.

Después de ser Ministro de Economía de Austria tras la Primera Guerra Mundial, cesado, y de dirigir el Banco Biederman, pasó a ocupar varias cátedras universitarias, entre las que está Harvard. En este último período de docencia completó tres libros más: Business Cycles (1939), Capitalism, Socialism and Democracy (1942) y su History of Economic Analysis (publicado de manera póstuma en 1954). En los dos primeros se centró en su teoría del “espíritu emprendedor”, desarrollándola en un ámbito más global e integrándola en una teoría cíclica de los negocios, y en la evolución socio-económica del capitalismo contemporáneo.

Teoría general del capitalismo

La obra de Schumpeter, desde su Teoría del desarrollo económico publicada de 1911 en adelante, encuentra su punto de arranque y cobra sentido a partir de una forma dinámica de concebir el sistema capitalista que contrasta con los modelos de la economía neoclásica tradicional que transforman en parámetros o constantes todos los datos fundamentales del sistema económico. Para Schumpeter: “El capitalismo […] es por naturaleza una forma o método de cambio económico, y no solo nunca es sino que nunca puede ser estacionario.” Por ello, su aspiración fue crear una teoría que pudiese explicar el funcionamiento de esta “forma o método de cambio económico” que en tan corto lapso ha revolucionado tan profundamente la existencia humana. Se trataba, en otras palabras, de comprender el fundamento de lo que Schumpeter acostumbraba denominar “el ventarrón de la destrucción creativa” mediante el cual el capitalismo revoluciona constantemente sus propias condiciones de existencia. La teoría de Schumpeter parte de una distinción fundamental entre diferentes tipos de cambio económico. Por una parte, están los cambios exógenos, causados por factores sociales o políticos, por la otra, los de carácter endógeno, que surgen de la misma dinámica económica del sistema capitalista. Son solo estos últimos los que para Schumpeter constituyen el desarrollo económico propiamente tal: “entendemos por «desarrollo» solamente los cambios de la vida económica que no hayan sido impuestos a ella desde el exterior, sino que tengan un origen interno. Si resulta que no existen tales alteraciones procedentes de la esfera económica [. . .] afirmaremos que no existe desarrollo económico”.Es sólo de este “desarrollo económico”, de este proceso endógeno a la esfera económica, que la teoría de Schumpeter trata. Otra distinción importante es la que establece entre crecimiento y desarrollo económico: “Tampoco se llamará aquí proceso de desarrollo el mero crecimiento de la economía […]. Pues éste no representa fenómenos cualitativamente diferentes.”

Schumpeter no está por lo tanto interesado, aun reconociendo su importancia, en el crecimiento dentro de un marco dado en lo referente a la tecnología, los modelos organizativos o las preferencias imperantes. Su atención se dirige, en cambio, hacia el proceso de crecimiento que se relaciona con la introducción de novedades cualitativas que alteran radicalmente el funcionamiento mismo del sistema: “El desarrollo, en nuestro sentido, es un fenómeno característico totalmente diferente a lo que puede ser observado en la corriente circular o en la tendencia al equilibrio. Es un cambio espontáneo y discontinuo en los cauces de la corriente, alteraciones del equilibrio que desplazan para siempre el estado de equilibrio existente con anterioridad. Nuestra teoría del desarrollo no es sino el estudio de este fenómeno y los procesos que le acompañan.”

Según Schumpeter, el simple proceso de incremento o crecimiento acumulativo bien puede ser explicado dentro del marco de la teoría neoclásica tradicional. Sin embargo, según su parecer no es este tipo de crecimiento —un crecimiento sostenido y regular de carácter aditivo— el que distingue y constituye la verdadera naturaleza del capitalismo. Por su esencia, el capitalismo es discontinuidad, alteración, novedad, reducción constante de todos los parámetros a variables. Por ello, nuestro autor considera la construcción teórica neoclásica como insuficiente o incluso, en ciertos casos, desorientadora. Schumpeter sostiene, por ejemplo, que muchos de los supuestos básicos de la estructura neoclásica son tan ajenos al capitalismo real que terminan por oscurecer su verdadero funcionamiento, en particular en cuanto proceso de transformación o destrucción creativa.

El capitalismo real está caracterizado por procesos que imposibilitan constantemente la competencia perfecta, basada, entre otras cosas, en la transparencia del sistema, es decir, en la información gratuita e inmediata, y en el libre ingreso a todas las esferas productivas. Estos hechos son por cierto reconocidos en la teoría neoclásica, pero son tratados como imperfecciones que afectan negativamente la eficacia del sistema de precios y, con ello, a la eficiencia de la distribución de los recursos productivos. Para Schumpeter, por el contrario, no se trata de imperfecciones que conducirán a un uso no óptimo de los recursos sino del motor mismo que propulsa el excepcional progreso tecnológico-productivo que distingue al sistema capitalista. Debatiendo la crítica que desde el punto de vista de una economía de competencia perfecta se le ha hecho a las grandes empresas Schumpeter saca la siguiente conclusión devastadora para el pensamiento económico tradicional: “La introducción de nuevos métodos de producción y de nuevas mercancías difícilmente podría concebirse en una situación de competencia perfecta —y perfectamente inmediata— desde el comienzo. Y esto quiere decir que la mayor parte de lo que llamamos progreso económico es incompatible con ella […]. A este respecto, la competencia perfecta no solo es imposible sino inferior y no tiene ningún derecho de ser puesta como un modelo de eficiencia ideal.”

Para Schumpeter el desarrollo o progreso económico es totalmente dependiente de la posibilidad de establecer posiciones temporales de monopolio y recibir, durante un tiempo, lo que él llama “cuasi rentas” o “rentas cuasi monopólicas”. Estas rentas son cuasi monopólicas ya que se parte del supuesto de que la posición de monopolio es sólo temporal y se perderá a consecuencia de la difusión de los conocimientos, de la desaparición de la eventual protección legal de las invenciones, etcétera. Estas rentas o “beneficios del emprendedor” son las únicas que Schumpeter define como “ganancia” y deben ser claramente diferenciadas de las remuneraciones normales de los factores productivos. En un sistema en equilibrio, es decir, en lo que Schumpeter llama Kreislauf (“flujo o corriente circular”), no existe la ganancia. Ella surge únicamente gracias a las actividades “desestabilizadoras” de los emprendedores, mediante las cuales éstos consiguen abaratar decisivamente sus costos de producción o introducir nuevas mercancías. Dichas actividades son definidas por Schumpeter según el concepto de innovación y abarcan nuevos productos, nuevos métodos, nuevas formas de organización empresarial, nuevos mercados y nuevas fuentes de materia prima.Sin esos beneficios sería imposible ese tipo de desarrollo que tanto interesa a Schumpeter y que caracteriza la evolución misma del capitalismo: “Sin desarrollo no hay ganancia y sin ésta no hay desarrollo. Debemos añadir, además, que para el sistema capitalista sin ganancia no habría acumulación de riqueza. Al menos no existiría el gran fenómeno social que tenemos a la vista; éste es indudablemente una consecuencia del desarrollo y sobre todo de la ganancia.”

Los emprendedores

La posibilidad de generar ganancias, que pueden llegar a ser excepcionalmente grandes, es el señuelo que atrae a la actividad económica a un tipo particular de individuos. La acción de estos individuos está regida por lo que Schumpeter llamó “espíritu emprendedor” (Unternehmergeist), es decir, por la voluntad de transformar las condiciones existentes, de superar obstáculos y romper con las rutinas, de ir contra la corriente y crear cosas nuevas. Estos individuos que se atreven a lanzarse a lo desconocido, estos héroes de la era capitalista, son los famosos emprendedores (entrepreneurs) Schumpeterianos.

Los emprendedores no son en sí mismos capitalistas ni gerentes —en el sentido de administradores rutinarios de una empresa— ni tampoco técnicos, sino hombres que actuando intuitivamente —lo hacen en una típica situación de incertidumbre, sin todas las cartas en la mano— llevan a la práctica nuevas posibilidades económicas: “… la función de los emprendedores es la de reformar o revolucionar las formas de producir poniendo en uso una invención o, más en general, una posibilidad tecnológica aún no probada de producir una mercancía nueva o de producir una ya conocida en una forma nueva: abriendo una nueva fuente de abastecimiento de materias primas o un nuevo mercado, reorganizando la empresa, etcétera. Actuar con confianza más allá del horizonte de lo conocido y vencer la resistencia del medio requiere aptitudes que solo están presentes en una pequeña fracción de la población y que definen tanto el tipo como la función del emprendedor.”

La teoría del emprendedor de Schumpeter subraya diversos aspectos psicológicos y niega, aunque parezca contradictorio con lo anteriormente dicho, que la conducta del empresario pueda ser entendida como una acción cuyo motivo último sea la ganancia misma, el simple deseo de acumular dinero o riqueza. Obtener grandes ganancias no es sino la manera de establecer y comprobar el éxito de la acción creadora del emprendedor. Para Schumpeter, el caso del emprendedor no es sino una forma específica del fenómeno del liderazgo en general y debe ser estudiado en ese marco y no en un contexto estrictamente económico. Esta es, por cierto, una parte sumamente debatida de la teoría de Schumpeter. Entre sus críticos más acerbos están los que, inspirados en Marx, ven el desarrollo del capitalismo como un proceso impersonal, donde los individuos cuentan poco y el empresario solo actúa como “la personificación de categorías económicas”, como una máscara del capital, portador de una lógica que se impone independientemente de las subjetividades individuales.

El empresario schumpeteriano es, desde el punto de vista de la racionalidad económico-capitalista, una figura escasamente racional. Este personaje, que se acerca mucho más a la figura de un caballero andante medieval que a la de un gerente moderno, es concebido, empero, como la fuerza motriz del surgimiento de la “civilización capitalista”. Es el impulso fundamental para su surgimiento, pero no pertenece en verdad a esa civilización. Schumpeter, influido por Max Weber, define la civilización capitalista como “racionalista y antiheroica”, poco compatible por lo tanto con un personaje tan romántico como el que el empresario representa.

El futuro del capitalismo

La supuesta existencia de esta singular contradicción entre el espíritu calculador del capitalismo desarrollado y la actitud caballeresca de los empresarios es fundamental para comprender el decidido pesimismo de Schumpeter acerca de las posibilidades de supervivencia del capitalismo en el largo plazo. R. Heilbroner ha resumido el problema o dilema de Schumpeter de la siguiente manera: “…el capitalismo tenía todo el brillo y la emoción de un torneo caballeresco. Pero justamente en ello residía el problema. Los torneos requieren un ambiente suficientemente romántico, y en la atmósfera aburrida, prosaica y calculadora que los mismos jefes de empresa cultivaban no podía sobrevivir el viejo espíritu precursor del capitalismo. Para Schumpeter el capitalismo podía conservar su fuerza solo en la medida en que los capitalistas se comportaran como precursores y caballeros andantes […] Y ese tipo se estaba extinguiendo. Peor aún, estaba siendo aniquilado por la civilización que él mismo había creado.”

No es por su fracaso sino por su éxito que el capitalismo estaría amenazando la existencia de su propia fuerza motriz. La actitud aventurera, osada y visionaria que fue necesaria para crear una riqueza material nunca antes vista terminaría así por hacerse superflua una vez alcanzado ese nivel de riqueza. En su última obra importante, Capitalismo, socialismo y democracia, escrita a comienzos de los años cuarenta, planteó así el problema: “Esta función social está ya hoy en día perdiendo su importancia. [..,] la innovación en sí misma está siendo reducida a una rutina. El progreso tecnológico se está convirtiendo cada vez más en un asunto de grupos de especialistas que producen lo que se les pide y realizan su trabajo de manera predecible. El romanticismo de las antiguas aventuras comerciales está rápidamente desapareciendo […] Así, el progreso económico se hace despersonalizado y automatizado. La acción de los individuos tiende a ser remplazada por el trabajo de comités y departamentos.”

Este fue, sin duda, uno de los pronósticos más cuestionables del gran economista austro-húngaro, que lo llevó incluso a postular la caducidad de su propia teoría sobre el desarrollo capitalista. Su pesimismo reflejaba la tendencia rutinaria y jerárquica de aquellas grandes corporaciones estadounidenses que dentro de algunas décadas serían golpeadas por el vendaval de destrucción creativa creado por las nuevas camadas de emprendedores de la época de las tecnologías de la información y la microelectrónica.

Teoría de los ciclos económicos

La concepción del capitalismo como un sistema generador de cambios cualitativos no es una característica privativa del pensamiento de Schumpeter. En ese sentido, Schumpeter no hace sino repetir, por distintos que sean sus argumentos, ideas ya clásicas. Lo que más distingue su pensamiento es la idea de que el desarrollo o transformación económica propia del capitalismo no está distribuida de manera pareja a lo largo del tiempo. A su parecer, lo propio del desarrollo económico capitalista es su ritmo disparejo, su forma discontinua y ondulatoria, tanto en el corto como en el largo plazo. Esta es la parte de la teoría schumpeteriana que ha sido la más debatida y la más influyente. Es sobre todo esta parte de las ideas de Schumpeter la que define al moderno schumpeterianismo como tal. Se trata de la teoría del ciclo económico en general y de las ondas largas o ciclos de Kondrátiev en particular.

La explicación dada por Schumpeter a esta especial ritmicidad del sistema capitalista parte lógicamente de su teoría del emprendedor y las innovaciones. Si es cierto que la acción innovadora del emprendedor explica el desarrollo económico en general, entonces es pertinente buscar la explicación de sus irregularidades en la distribución dispareja en el tiempo de la actividad emprendedora y por lo tanto innovadora. Y esto es precisamente lo que Schumpeter hace. Su explicación es la siguiente: “¿Por qué no procede el desarrollo económico, en nuestro sentido, con la misma regularidad con que crecen los árboles, sino a saltos? ¿Por qué presenta esas alzas y bajas características? […] exclusivamente por no distribuirse igualmente en el tiempo las nuevas combinaciones, como podría suponerse por los principios generales de la probabilidad, sino que en caso de aparecer lo hacen de manera discontinua, en grupos o bandadas.” El problema a resolver es entonces la razón o motivo de esta discontinuidad en la distribución temporal de la actividad innovadora. Este punto, que es clave para la teoría schumpeteriana de los ciclos económicos, es “resuelto” con una simplicidad que no deja de sorprender: “¿Por qué no aparecen continuamente los emprendedores, o sea individualmente, en cada intervalo escogido apropiadamente, sino en grupos? Exclusivamente por el hecho de que la aparición de uno o más emprendedores facilita la de otros, y éstos a su vez la de los nuevos grupos, cada vez en mayor número.”

La simplicidad e insuficiencia de la respuesta de Schumpeter no deja de sorprender en cuanto que ya desde la aparición de la edición alemana de la Teoría del desarrollo económico se le había hecho presente la ausencia de una explicación real de la aparición en grupos o bandadas de los emprendedores (sin entrar a discutir la realidad empírica de esta afirmación). Decir que se forma una bandada de empresarios porque aparecen uno o varios precursores que abren el camino no es sino desplazar el problema. Algunos años después de la muerte de Schumpeter Vernon Ruttan pudo comprobar que, a pesar de la amplia producción de Schumpeter desde 1911 en adelante, seguía existiendo un vacío importante en su construcción teórica:“Ni en Business Cycles ni en los otros trabajos de Schumpeter existe nada que pueda ser identificado como una teoría de la innovación. El ciclo económico es en Schumpeter una consecuencia directa de la aparición en bandadas de las innovaciones. Pero no se proporciona ninguna explicación real acerca de por qué las innovaciones aparecen en grupos (clusters) o por qué estos grupos poseen ese tipo particular de periodicidad que Schumpeter identifica como ciclos de Kitchin (40 meses), Juglar (10 años) y Kondratiev (60 años).”

El punto anterior es central ya que para Schumpeter, tal como lo sugiere Ruttan, tanto la existencia como la periodicidad del ciclo económico están regidas por la ritmicidad del proceso innovador. Según Schumpeter esta ritmicidad opera de la siguiente manera general. Uno o varios precursores abren el camino, luego, por medio del “efecto de imitación” recién descrito y surgen más y más empresarios. Se forman así “bandadas de emprendedores” o, lo que es lo mismo en la práctica, de innovaciones. La situación de equilibrio, el flujo circular, da entonces paso a un fuerte movimiento ascendente. La bandada de innovaciones da origen a amplias fuentes de ganancias. El auge produce una lucha cada vez más dura por el crédito, los medios de producción y la mano de obra. Los precios suben y los márgenes de supervivencia económica se reducen para muchos. Las empresas antiguas, dominadas por la rutina, se ven obligadas a transformarse o a desaparecer. Por fin los empresarios schumpeterianos salen con la victoria pero sólo para descubrir que su triunfo ha sido sólo “aparente”. Lo que antes había sido una innovación se ha transformado ahora en lo habitual; pasa a formar parte del nuevo sentido común tecnológico, organizativo y comercial. La difusión de los nuevos métodos, la producción en masa de las nuevas mercancías, el acceso generalizado a las nuevas fuentes de materias primas y a los nuevos mercados, y la reorganización de la mayoría de las empresas hacen que la situación nuevamente se “normalice”. La ganancia desaparece y los empresarios schumpeterianos, los innovadores, se transforman en jefes normales de empresa, en administradores de un territorio ya conquistado. El sistema (o la rama industrial) entra así en un nuevo periodo de equilibrio o depresión como Schumpeter también lo llama en su Teoría del desarrollo económico: “…la aparición en grupos [de las innovaciones] exige un proceso especial y característico de absorción, de incorporación de las nuevas cosas y de adaptación a ellas por parte del sistema económico; un proceso de liquidación o, como yo acostumbraba decir antes, un proceso de aproximación a una nueva situación estática. Ese proceso es la esencia de las depresiones periódicas que pueden, por tanto, ser definidas desde nuestro punto de vista como la lucha del sistema económico por alcanzar una nueva posición de equilibrio, o su adaptación a los datos alterados por la perturbación producida por la expansión.”

Schumpeter distingue tres tipos de ciclos económicos, siendo el más importante el que surge de las innovaciones que transforman los fundamentos mismos del sistema económico. Esas innovaciones “de primer grado” dan origen a ondas largas de desarrollo, que duran entre 45 y 60 años. Estas ondas o ciclos comprenden una fase ascendente o periodo de disrupción creativa y una “descendente” o dominio de la tendencia al equilibrio. Estas fases principales pueden, aunque ello no es estrictamente necesario desde un punto de vista teórico, ser completadas por una fase de aguda depresión o crisis y otra de restablecimiento o recuperación. Estas ondas largas ascendentes en forma de S fueron llamadas por Schumpeter ciclos de Kondratiev o simplemente Kondratiev, en honor al economista ruso N. D. Kondratiev (1892-1938), quien fue el primero que trató de probar empíricamente la existencia de estas ondas. Es pertinente detenerse un poco en este punto ya que mucho de la controversia acerca de las ideas de Schumpeter ha girado en torno de la existencia de sus ciclos y en particular de los Kondratiev. Lo que aquí quisiéramos poner en claro es el estatuto teórico de los ciclos y su relación con el núcleo del argumento de Schumpeter. Tal como él mismo lo ha destacado con energía, la elección de su esquema de tres ciclos es una cuestión de conveniencia, una simplificación de una realidad mucho más compleja que teóricamente admite infinitos ciclos y rehuye la expectativa de una periodicidad exacta. Se puede citar Business Cycles, que es la obra capital de Schumpeter al respecto, para dilucidar este aspecto: “Para nuestro propósito, así como para muchos otros, sería muy inconveniente dejar las cosas en el punto anterior y tratar de trabajar con un número indefinido de ciclos o tipos de ciclos […] Por lo tanto, decidimos ahora, para los propósitos generales de este volumen, contentarnos con tres clases de ciclos que llamaremos simplemente Kondratiev, Juglar y Kitchin […] Esta elección recién hecha de tres clases de ciclos no tiene ninguna virtud especial. Cinco podría ser tal vez mejor, pero después de algo de experimentación el autor ha llegado a la conclusión de que el mejoramiento en la descripción así obtenido no compensaría el aumento de las dificultades. En particular no se puede destacar con suficiente fuerza que el esquema de tres ciclos no se deduce de nuestro modelo —si bien la multiplicidad de ciclos sí lo hace— y que el aceptarlo u objetarlo ni le quita ni le agrega nada al valor de nuestra idea fundamental.”

Las innovaciones que según Schumpeter dan origen a las ondas largas de desarrollo económico han sido también llamadas por él, para acentuar su enorme trascendencia, revoluciones industriales. Así, cada onda larga se compone de una “revolución industrial y de la absorción de sus efectos. Por ejemplo, podemos observar empírica e históricamente el surgimiento de una de esas ondas largas hacia fines de la década de 1780, su culminación alrededor de 1800, su caída y luego una cierta suerte de recuperación que finaliza a comienzos de la década de 1840. Esa fue la Revolución Industrial tan querida por los autores de manuales. Pisándole los talones vino sin embargo otra de estas revoluciones, produciendo otra onda larga que surge en los cuarenta, culmina justo antes de 1857 y desaparece hacia 1897, para ser seguida a su turno por la que alcanzó su cénit cerca de 1911 y que ahora está en camino de desaparecer.”

La Escuela Schumpeteriana

Si algo puede hoy en día ser llamado “escuela schumpeteriana” es entonces al grupo de economistas e historiadores económicos que trabajan a partir de la idea de que el desarrollo capitalista se caracteriza por la recurrencia de ciclos estructurales de largo plazo u ondas largas cuya existencia está relacionada con cambios tecnológicos fundamentales. Este tipo de análisis ha cobrado especial fuerza a partir de la crisis de los años 1970 que puso fin al largo periodo de excepcional crecimiento económico que siguió a la segunda Guerra Mundial. Durante ese tiempo reinó una atmósfera de un optimismo tal que no quedó mucho espacio para una teoría que, como la de Schumpeter, hablara del advenimiento necesario de tiempos menos brillantes. Se creó la ilusión de que la manipulación macroeconómica de inspiración keynesiana había hecho del problema de las depresiones y las crisis un problema del pasado. Sin embargo, los años setenta mostraron lo que valían las ilusiones y reivindicaron a Schumpeter. Exactamente 45 años después del crac de 1929, en 1974, se inició una nueva fase de amplias convulsiones y tendencias recesivas. Después de ello los discípulos de Schumpeter no han tenido dificultad en encontrar oídos receptivos para sus argumentos acerca de las ondas largas. Esta receptividad se ha visto notablemente incrementada en los años recientes, marcados por la gran crisis internacional que se inicia en 2007-2008.

Entre los schumpeterianos más destacados se puede nombrar a Christopher Freeman (1921-2010), Giovanni Dosi, John Clark, Carlota Pérez y Luc Soete, todos ellos relacionados de una forma u otra con la Universidad de Sussex en Gran Bretaña. En Alemania se puede nombrar a Gerhard Mensch, en Holanda a Jacob J. van Duijn y en Suecia a Erik Dahmén (1916-2005) y Lennart Schön. En Estados Unidos destacan Richard Nelson y Sidney Winter. Yoshihiro Kogane es uno de sus exponentes más conocidos en Japón. Ernest Mandel (1923-1995) fue su más destacado representante entre los marxistas.

Gran parte de los esfuerzos de los discípulos de Schumpeter, tal como antes los del mismo Kondratiev, han estado orientados a probar empíricamente la existencia de las ondas largas y a precisar su evolución exacta. Estos intentos no pueden ser considerados como concluyentes, si bien han incrementado la plausibilidad y con ello el valor heurístico de esta manera de entender y ordenar la historia del capitalismo moderno.

Más allá de los intentos por demostrar la existencia empírica de las ondas largas, los “schumpeterianos” se han abocado preferentemente a dos problemas. El primero es el referente a tratar de comprender mejor el surgimiento, el carácter y el papel de las innovaciones, en especial en relación con los ciclos de Kondratiev. El segundo es el de investigar las relaciones entre las ondas largas de desarrollo tecnológico económico y el movimiento del resto de la estructura social.

Fuente Wikipedia

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